La tía Elvira suspiraba.
Nunca supimos que le pasaba.
Podía ser un enojo.
Podia ser, simplemente, fastidio.
Podía ser que estuviera
Recordando un amor.
O tal vez era
El hartazgo por su vida.
Queria vivir en otro lugar
Con otra gente
Pero se fue quedando
Y quedando
Y quedando,
Como la balsa que cruzaba el río
Y que, un día,
No zarpó más.
Nos asustaban los suspiros
Porque nos asustabsn sus enojos
Donde sacaba
Los trapitos sl sol
Y decía cosas hirientes.
El msndato fsmiliar era
"No le digas porque se enoja".
Con los sobrinos se enojaba
Si íbamos
Y si no íbamos,
Si nos comprabsmos algo
Y no se lo consultábamos,
Si hablabamos
Y si callabamos.
"¡Esa fantasia!" me dijo
Con fastidio un día.
Y sí, Elvira, las niñas
Tenemos saludables fantasias
En nuestro mundo secreto
Donde nadie tuene permiso de entrar.
Durante sus últimos dias
Tambien suspiraba.
Sabia que se iba,
Que el final llegaría.
Elvira previvió su muerte
En la de su hermsno Alfredo,
Su padre Fritz,
Su madre Anne,
Su hermana Ica,
Su hermano Federico
Que tuvo un hijo, Putzy,
Que murió de bebé.
Los fantasmas vinieron a buscarla
Un caluroso verano.
Suspiró. De pura soledad.
Porque la muerte
Te mira a los ojos
Antes de llevarse
El soplo de vida,
El último suspiro.

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