lunes, 30 de marzo de 2026

Huesos

 Cabalgamos toda la vida

Sobre nuestros huesos,

Los pulmones henchidos de aire,

Los pies como potros sueltos.

Los ojos

Disuelven horizontes

Y confunden cercanias.

Hay zurcos en la piel

Donde se cuelan

Noches en vela 

Y dilemas sobre qué es verdad

Y cómo escaparle a la mentira.

Un lunar 

Divide en dos mi cuello.

El pabellón de la oreja

Fue herido solo una vez

Para suspender de él

Trinos y coronas,

Rosas, calaveras y cruces.

La muñeca siempre

Llevo el compás con mis manos y,

Relataba mi madre,

Siempre tenia entre mis dedos

Una ramita, una flor

O una hoja.

Parece que no podia caminar

Sin sostener algo,

perono cualquier cosa

sino algo casi vivo.

Mis pies se frenan en las veredas

Para descubrir a qué pajaro

Corresponde un canto

Que solo yo escucho.

Me freno, compadecida

Pir las costillas de un perro flaco.

Nunca supe comer helados:

Mordia el vértice del cucurucho

Derramando dulzura.

Tal vez así comprendí

Que era la vida: 

Dejar huellas,

Cabalgando mi cuerpo

O comiendo helados.

El ritmo

Que marco en el aire

O con los pies

No deja marcas.

El sonido fluye, agita,

Comprime y expande.

El cuerpo es una onda

Que cabalga hacia el infinito.




domingo, 29 de marzo de 2026

Poemarzo 2026



 

Un poco

 Un poco de un poco.

Poco de nada.

Retazos sueltos,

Alfileres en el costurero.

Buscamos protegernos con un dedal.

Y es poco.

No alcanza.

Puntillas primorosas,

Entretelas que daran estructura

Y que aplicarás con una plancha perezosa.

El tío Federico te critica:

-humedece la esponja,

La aplica, apenas,

Plancha esa minúscula superficie

Y vuelve a empezar.


Y asi tu sin sentido

De hilvanes

Avanzaba.

Te mecías.

Suspirabas.

Te enojabas.

Aturdias con la radio

Y te adueñabas del televisor

Y del telefono.


Así yo tenía un poco de poco.

Una nada, apenas.

Esa nada recortada en moldes 

De papel marrón,

Marcada con tiza sobre la tela.

Y tus dibujos primorosos...

Hubieras sido

Diseñadora de modas.

Hubieras sido...

Un poco de un poco.

Un poco de nada.

Revolviste tu vida

En una ensaladera celeste

Y lloraste a tus muertos,

Tal vez con algún remordimiento

Pirque diste un poco,

Aunque diste mucho.


Tu vida se resumía

En barrer las hojas secas del parral 

De una casa

Donde tuviste un poco de poco,

Tal vez poco de nada, 

tal vez la nada de un poco

Que cabe en un dedal protector.


Álbum personsl de la autora. "La cass de mi hermana". Paraná. Calle Moreno, a pasos del Paseo Jardín.


Caídas

 Y me volví a caer.

Rodé por la escalera.

No sé cómo.

Mis pies se enredaban el uno

Con el otro.

No rodaba en realidad. Me resbalaba.

Bajaba desde la habitación

Que nos asignó Edeltraut,

Con el mullido plumón

Sobre la cama.

Tal vez dormía con mi mamá.

¿Adónde se quedaba mi papá?

Yo bajaba hasta la buardilla,

En un descanso de la escalera,

Donde encerraban a la gata Mola

Para que cace ratones.

Y desde allí... hacia abajo.

Estaba como en un bucle

De programacion:

Habitación- escalera- resbalón- caída

Y, de nuevo, 

Habitacion-escalera-resbalón-caida.

Era una niña torpe.

No lo sé. Tal vez.

Siempre terminaba

Mis andanzas en una caída.

Raspaba mis rodillas contra el suelo

Intentando correr.

Incluso caminando.

Fueron épicas las caidas

En casa de Edeltraut y Karl-Heiz.

Mi madre me dijo que eran primos 

De mi padre.

Yo sé que tenían tres gatos: Peter, Mola 

Y Dumbo, el hijito.

Sé que en su sala

Tenían un elefantito con ruedas.

Era gris y,

Si jalabas de un piolín de su lomo,

Hacía un ruido como de

Roar-roar.

Recuerdo mis rodadas por la escalera,

El elefantito gris,

El gatito bello

Y el aire melancólico

Que barría el empedrado

De las calles de la Alemania comunista.








Nadie

 Nadie.

No.

Nunca.

Escucho los rugidos de la noche

En mi oído izquierdo.

Pero es nadie.

No hay nadie.

Nunca me han hablado.

Silva un alguien adentro

De mi cabeza.

Es nadie,

Me digo.

No existen los sonidos,

Es solo algo que se frota adentro

Y que me enloquece. A veces.

Escucho algo

Que no está ahí.

Nadie. No. Nunca.

Me avisan por cucaracha

Que debo pensar en otra cosa

Que en ese silvido en mi oído.

No. Nunca se irá.

Nadie es.

Es nadie.

Solo un silvido.



Rojo

 El mapa muestra

Puntos rojos.

No sé lo que significan.

Serán encuentros, 

Serán olvidos,

Serán recuerdos.

Cada año que pasa son más.

Dirás que son feos,

Pero con ellos me haré una corona

De rubíes.

Hay pequeñitos,

Para hacerle una pulsera a una niña.

Hay grandes

Y voluminosos:

Serán la gema de algún anillo.

¿Debere hacerlos quitar?

No creo.

Enhebraré cada marca de mi piel

Con un hilo

De espuma de mar,

De hielo rígido,

De tela de araña,

Firme, pero flexible.

A nadie legaré mi corona

Porque mi piel es solo mía.

La dejaré aquí... por un tiempo.




Suspiros

 La tía Elvira suspiraba.

Nunca supimos que le pasaba.

Podía ser un enojo.

Podia ser, simplemente, fastidio.

Podía ser que estuviera

Recordando un amor.

O tal vez era

El hartazgo por su vida.

Queria vivir en otro lugar

Con otra gente

Pero se fue quedando

Y quedando

Y quedando,

Como la balsa que cruzaba el río

Y que, un día,

No zarpó más.


Nos asustaban los suspiros

Porque nos asustabsn sus enojos

Donde sacaba

Los trapitos sl sol

Y decía cosas hirientes.

El msndato fsmiliar era

"No le digas porque se enoja".

Con los sobrinos se enojaba

Si íbamos

Y si no íbamos,

Si nos comprabsmos algo

Y no se lo consultábamos,

Si hablabamos

Y si callabamos.

"¡Esa fantasia!" me dijo

Con fastidio un día.

Y sí, Elvira, las niñas

Tenemos saludables fantasias

En nuestro mundo secreto

Donde nadie tuene permiso de entrar.


Durante sus últimos dias

Tambien suspiraba.

Sabia que se iba,

Que el final llegaría.

Elvira previvió su muerte

En la de su hermsno Alfredo,

Su padre Fritz,

Su madre Anne,

Su hermana Ica,

Su hermano Federico

Que tuvo un hijo, Putzy, 

Que murió de bebé.

Los fantasmas vinieron a buscarla

Un caluroso verano.

Suspiró. De pura soledad.

Porque la muerte

Te mira a los ojos

Antes de llevarse 

El soplo de vida,

El último suspiro.




Pelo de choclo

 Una ráfaga,

Un manojo de aire

Circulando, hacia

Mis cabellos siempre feos,

Secos, desordenados.

El aire se cuela

Entre los finos cabellos

Rubio- cenicientos

Y hace con ello lo que quiere.

Quería tener

Una trenza poderosa,

Un flequillo amable

Sobre mi anchísima frente.

"Virulana" me apodó un niño.

Yo lloraba en mi casa.

Mi madre me decia

Que le restara importancia,

Que la gente no estaba

Al pendiente de mí.

Nunca más

Dejé que me cortaran el cabello.

Dicen que las mujeres viejas

No debemos llevar el cabello largo,

Pero se lo debo

A la niña rubia

De pelos electrificados.

Tejí una trenza,

Abrí un zurco

Entre granos de choclo

Donde colar 

Un poco de esperanza.




jueves, 12 de marzo de 2026

#poemarzo2026 palabra: oblicuo

 A mis queridos lectores: hoy se cumple un año de una represión en una manifestación de jubilados acompañados por clubes de fútbol donde resultó herido gravemente el fotoreportero Pablo Grillo. Uno de mis poemaa lo escribí para homenajearlo





domingo, 8 de marzo de 2026

Hábitos


 Las llegadas

Hacen que cambien los hábitos.

Estamos llegando, siempre,

A la vida,

A la casa,

Al amor.


Del dolor nos vamos,

A las penas

Las arrancamos sin anestesia.

Dolores. Sudores.

Llegar es inaugurar,

Mirar de nuevo,

Presentir.


No espiamos por la cerradura:

 abrimos la puerta.

Hay una nueva rutina:

Esperar con la mesa tendida,

Tomar lo que quieras dar,

Ausentar el decir

Y hablar frente a las servilletas.


Nuestra boca, pringisa,

Dejara huellas nuevas

Sobre telas viejas

Que no lavaremos.

8M

 Hoy no até mis cabellos

Ni resguardé mi ruedo.

Caminé por las calles

Y bebí, lenta,

La copa que me pertenece.


Me arropé,

Inversa y sin sentido.

Aullé frente a la puerta

Y ésta se abrió,

No por mis aullidos

Sino porque no existe una puerta.




Tormenta

 La tormenta

Apuñala el mediodía,

Esparce rosas

Sobre los libros.


Me embriaga

El viento gris,

El dulce trueno,

El sabroso color

De un destellos.


Auyento monstruos

De mis veredas,

Intercambio el lugar

De los objetos sin sentido

Tomando de la mano

Al agua tibia.


No. No sé lo que pasa

Ni lo que pasará.

No. No sé de vientos

Ni de rocas ígneas.

Y no importa.

No. No importa.


No. No te rindas, tormenta.

Que no te espante

El murmullo de los loros.

No hay tierras pacíficas.

Descarga tus secretos

Cuando nos invites, esta tarde,

A tomar el té.

La mesa está tendida.





Domingo

 Domingo.

Poderoso domingo.

Domingo arrancado

De las garras de un monstruo.

Los monstruos no saben

De domingos.

No buscamos paz

Ni sudor,

Solo deslizar arema por entre

Los dedos y

Partir queso

Sobre una tabla.

Amor y dolor

Son lo mismo

Algún día,

Pero no en domingo,

Deslizado

Y sereno.

Servimos en copas nuevas

Un vino viejo.

Domingo.




jueves, 5 de marzo de 2026

Alma


 Abrimos.

Inconscientes.

Presurosos.

Sudorosos.

Hay un verbo que contiene

Mi luna abierta.

El sol se niega, disimula.

La distancia llueve

Y contrae el alma.

Alma esclava,

Alma insomne,

Alma llena de roces arenosos,

Alma de rodillas raspadas.

Abrimos.

Ausentes.

Invisibles.

Indivisibles.

Solo fuimos lo que guardamos.

No me muestres tu alma:

Nadie se desnuda frente a un espectro.


Puentes

 Voy sembrando puentes Como manos Manos que conectan Un puenye solo Es solo eso Es soledad de un puente solo Siembro pirque sé esperar Que m...