El 1 de febrero corrí mi primera carrera de 5 km en la modalidad participativa, es decir, no competitiva. Quienes corrieron 10 km lo hacian en modalidad competitiva.
Fue una dura prueba porque la geografía del Balneario Thompson está llena de subidas. Además, como corro con zapatillas de buena marca pero muy usadas su suela esta casi lisa -me las cambió una vez el zapatero-, por lo cual temía resbalarme donde había arena.
Otro temor era correr en calles que no conozco donde tal vez podria haber irregularidades y caerme. Temores de viejita de 57 años que hace poco mas de un año que corre.
Corro sola, sin entrenador. Mi ropa es peculiar, una remera comun pero cómoda y un pantalón largo que parece caliente pero como no se adhiere a la piel es cómodo, ademas puedo guardar cosas en sus bolsillos, por ejemplo una toallita para secarne el rostro. Llevo una riñonera para mi celular y una bolsa con cierre japonés para llevar colgada la botellita de agua, que cosí para mí.
En algunas partes tuve que respirar por la boca e incluso caminar, pero corrí la mayor parte y me recuperé rápidamente, con una bebida proteica, otra bebida deportivs y dos trozos de banana.
Volveré en 2026, más entrenada, corriendo todo el tiempo. En 2027 correré los 10 km. El único límite es mi propio cuerpo.
Hoy puedo decir que me vencí a mi misma: la prediabetes, la obesidad incipiente y el sedentarismo. Me falta reducir mi exceso de peso y mejorar como deportista.
Seguiré corriendo, persiguiendo atardeceres, tal vez junto al rio Paraná, o donde me lleven mis pies.