Y me volví a caer.
Rodé por la escalera.
No sé cómo.
Mis pies se enredaban el uno
Con el otro.
No rodaba en realidad. Me resbalaba.
Bajaba desde la habitación
Que nos asignó Edeltraut,
Con el mullido plumón
Sobre la cama.
Tal vez dormía con mi mamá.
¿Adónde se quedaba mi papá?
Yo bajaba hasta la buardilla,
En un descanso de la escalera,
Donde encerraban a la gata Mola
Para que cace ratones.
Y desde allí... hacia abajo.
Estaba como en un bucle
De programacion:
Habitación- escalera- resbalón- caída
Y, de nuevo,
Habitacion-escalera-resbalón-caida.
Era una niña torpe.
No lo sé. Tal vez.
Siempre terminaba
Mis andanzas en una caída.
Raspaba mis rodillas contra el suelo
Intentando correr.
Incluso caminando.
Fueron épicas las caidas
En casa de Edeltraut y Karl-Heiz.
Mi madre me dijo que eran primos
De mi padre.
Yo sé que tenían tres gatos: Peter, Mola
Y Dumbo, el hijito.
Sé que en su sala
Tenían un elefantito con ruedas.
Era gris y,
Si jalabas de un piolín de su lomo,
Hacía un ruido como de
Roar-roar.
Recuerdo mis rodadas por la escalera,
El elefantito gris,
El gatito bello
Y el aire melancólico
Que barría el empedrado
De las calles de la Alemania comunista.

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