La vida cabe
en la palma de mi mano.
Desmigajamos melodías
aprendidas en la infancia
que resuenan
en mi tinitus.
Terapia de cuencos
para sanar
despojando el alma
de lo que le sobra
cuando lo que sobra, a veces,
es el alma.
el cuenco se raja
y lo reparo
resonando en el alma
lo que nunca diré.
Bato mis palmas
contra mis oídos
para acallar el silvido
que me persigue
y me persigna
sin templo ni altar.
Cuencos.
En ellos cabe la medida
del pan dulce
de la Oma Ana.
Cuencos.
Las manos de mis hijos pequeños.
Cuencos.
Se mezcla el vino
de la ausencia
de los que amo.
Si la terapia de cuencos es resonar
las galaxias son cuencos
y mis átomos
descifran melodías
eternas
estelares
estrafalarias
envidiables
efímeras
encantadoras
embalsamadas
efervescentes
enfermisas
enternecedoras.

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