Engamada la vieja de verde
con su carrito, verde,
de esos, coquetos,
forrados,
para las compras por el barrio,
las doñas llevando su caniche.
Le pasé por al lado
llegando juntas a la esquina
y se me prendió cual garrapata.
El brazo izquierdo
bailaba su propia danza.
La ayudé a subir y bajar cordones de vereda.
Adonde va le pregunté.
Voy a pedir, señora.
¿Quiere pan?.
No. Pan ya me dieron. ¡Quiero comer!
Quiero un salame y una gaseosa.
Retrocedimos hasta La Taba.
Ofrecí comprarle
Un quesito, una milanesa.
Contundente:
¡Quiero un salame!
Y la vi. A la otra vieja. A mi tía.
Pidiendo comida por la calle.
No frutas. No verduras.
A esa edad,
Con esa condición
El proyecto de vida es comer un salame.
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