Tengo las llaves porque tengo adonde regresar. Porque soy dueña de ese lugar.
Puedo decidir si entro o si salgo. Puedo decidir a quién dejo entrar.
Las personas sin hogar, familias enteras que recorren Paraná, mi ciudad, no tienen llaves ni llaveros.
Solo tienen la confirmación de que se les han cerrado todas las puertas.
Pueden dormir en entradas de casas y comercios e incluso en panteones del cementerio Santísima Trinidad.
Los bancos de plaza no son opción válida en este frio invierno que nos arranca los huesos.
Mi casa es muy precaria. Pero es mía. Tengo las llaves. Como una certeza. Tengo a donde regresar.


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