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| Imagen generada con IA |
La calle estaba cerrada al tránsito. Sobre el asfalto había puestos de comida y bebida. Unas pocas mesas y sillas estaban ubicadas entre los puestos y la vereda, de baldosas grises, de esas que ya no se consiguen.
La calle Pellegrini de Paraná es antigua y sus veredas están descuidadas. Los trozos de baldosas salpicaban un arreglo improvisado de cemento.
Las personas iban y venían, recorriendo los museos que, esa noche, estarian abiertos. La música de las bandas invitadas convocaba a los fatigados que nos sentábamos donde podíamos.
Me senté en una silla negra con un vaso de cerveza frente al puesto de papas fritas. Era pequeña, de unos cinco años, e iba vestida con una falda de tul rosada como si fuese una bailarina. Saltaba sobre las baldosas rotas. El padre iba a su lado, pero la dejaba en libertad para soñar y bailar.

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