miércoles, 2 de abril de 2025

ADOLESCENCIA


 El último martes de marzo salí a correr a la plaza adonde voy siempre. Es una plaza hermosa, adonde van familias, estudiantes, deportistas solos o con sus entrenadores. Van adultos mayores a jugar golf cricquet o cricquet golf.

Ese martes coincidí con un grupo de alumnos de secundsria con su profesor de educación física. Los alumnos corrian o caminaban slrededir de la plaza.

Cuando pasaba cerca de un grupo, como me veían "viejita" se ponían a correr.

Me crucé a uno de los chicos, alto y flaco, que vestía sueter negro a pesar del calor. Lo escuche murmurar "los odio, se pueden ir todos a la mierda". Como docente jubilada me preocupé.

Desde la esquina de la plaza el profesor, un hombre alto y atlético de mediana edad le indicó que caminara.

Yo no sabía como actuar: hablar con el chico, hablar con el docente...

El profesor reunió a sus alumnos dentro de la plaza. Yo seguí corriendo y el chico siguió caminando, moviendo los brazos y hablando solo. Luego de una clase de veinte minutos el profesor despidió a los alumnos, que se fueron en direcciones diferentes. El chico de sueter negro siguió caminando solo.

Me indigné porque la clase duró menos del horario, que son cuarenta minutos. El profesor nunca se oreocupó de dialogar con el alumno y ver qué le pasaba. 

Los adolescentes son muy vulnerables y necesitan de los adultos.


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